El crimen de Alejandría

Catalina de Alejandría nació a finales del siglo III en el seno de una noble familia de Egipto. Dotada de una gran inteligencia, destacó muy pronto por sus extensos estudios, que la situaron al mismo nivel que los más grandes poetas y filósofos de la época. Durante una visita a Alejandría del emperador Maximiano, quien perseguía violentamente a los cristianos, Catalina intentó su conversión al cristianismo. El emperador, asombrado por su audacia, le enfrentó a un debate con cincuenta eruditos paganos que intentarían derrotarla, pero ella salió victoriosa del debate, pues muchos de los eruditos se convirtieron. El emperador, lleno de ira, hizo ejecutarlos a todos y mandó torturar a Catalina con una máquina que tenía ruedas con pinchos, que milagrosamente se rompieron al tocar el cuerpo de Catalina. Obstinado, Maximiano ordenó su ejecución, y Catalina fue decapitada.

Catalina de Alejandría (Caravaggio)

La fama de Santa Catalina, virgen y mártir, se extendió por toda la cristiandad, y su historia se vio enriquecida por añadidos fantásticos de todo tipo, sobre todo a partir del siglo VIII, hasta el punto de que, sin fuentes históricas fiables, los historiadores dudan si hay algo de verdadero en la historia de Catalina, incluso si ella existió realmente.

Todo lo contrario de lo que ocurre con Hipatia de Alejandría, no tan famosa durante siglos como Catalina, aunque en los últimos tiempos Hipatia haya desbancado a Catalina gracias a Ágora, la película de Alejandro Amenábar, y a toda la abundante literatura histórica y de ficción que ha surgido al amparo de esta película. A partir del siglo XVIII la historia de Hipatia se vio contaminada con invenciones, leyendas e interpretaciones interesadas de la mano de autores como Toland, Voltaire, Gibbon y Kingsley, entre otros; pero lo cierto es que en el caso de Hipatia sí hay fuentes históricas fiables, contemporáneas de la sabia alejandrina, que permiten establecer no sólo las circunstancias, sino también los verdaderos motivos de su muerte.

Hipatia desarrolló su escuela de matemáticas, astronomía y filosofía durante el patriarcado del autoritario Teófilo. Para Hipatia, la ciencia es un camino para elevar la mente hacia la metafísica, y de ahí hacia la divinidad entendida en sentido neoplatónico. A pesar de que Teófilo se empeñó en luchar contra los cristianos herejes y los judíos de Alejandría, y en menor medida contra los paganos, Hipatia no tuvo problemas en su academia particular, a la que asistían alumnos sin distinción de religión. Muchos de ellos ocuparon luego destacadas posiciones en la política imperial. De entre los que eran cristianos, al menos dos llegaron a ser obispos. El más conocido es Sinesio de Cirene, una de las principales fuentes de información de que disponemos sobre Hipatia gracias a su extensa colección de epístolas. Sinesio fue un gran admirador de Hipatia, y la consideró su maestra y “madre espiritual” hasta el final de su vida. Murió dos años antes que ella. Lamentablemente, y con poco rigor histórico, en Ágora cambia su papel de admirado discípulo a conspirador y traidor.

Hipatia de Alejandría (detalle de La escuela de Atenas, de Rafael Sanzio)

En 412, cuando Hipatia tiene ya casi 60 años, sucede a Teófilo en el patriarcado su sobrino Cirilo, que continúa una versión aumentada de la intolerancia religiosa de su tío, pero sobre todo se enzarza en una lucha de poder con el recién llegado prefecto imperial, Orestes, pues Cirilo no se conforma con la administración de las cosas puramente eclesiásticas. Alejandría era un patriarcado muy rico y con gran influencia en el Imperio, y Cirilo cayó en la tentación de abusar de su poder eclesiástico. Orestes busca apoyo en Hipatia, que gracias a su inmenso prestigio, tanto por su erudición como por su rectitud ética, resulta ser una ayuda indispensable. Así, en el enfrentamiento entre el poder político del cristiano Orestes y el poder eclesiástico del cristiano Cirilo, la pagana Hipatia inclina la balanza a favor de Orestes. Temerosos de la derrota de Cirilo, sus partidarios orquestan una campaña de difamaciones contra Hipatia. No basta acusarla de paganismo, pues eso no es todavía un problema serio en Alejandría, y en consecuencia difunden rumores de que realiza prácticas de brujería. Y así terminan asesinándola en el año 415 de un modo espantoso: la golpean, la arrastran por toda la ciudad, la descuartizan, y queman su cuerpo.

Así pues, Hipatia no fue asesinada por ser mujer, ni por ser pagana, ni por ser científica y filósofa, sino por ser un obstáculo a la ambición de poder terreno del patriarca Cirilo. Lo triste de la historia es que este asesinato político consiguió lo que pretendía, pues Cirilo consolidó su posición, y de Orestes ya no sabemos más tras la muerte de Hipatia.

La leyenda de Catalina confirma indirectamente esta interpretación. Hay un paralelismo claro entre el martirio de Catalina, virgen, y el de Hipatia, virgen también, hasta el punto de que los investigadores más rigurosos suponen que la leyenda de Catalina es una versión cristianizada de la biografía de Hipatia. Si la leyenda nos dice poco o nada fidedigno sobre la Catalina histórica, sí nos dice algo, en cambio, sobre la actitud hacia Hipatia y otras mujeres como ella. Catalina fue ensalzada por su inteligencia, erudición y capacidad dialéctica. Si la cristiandad hubiera realmente aborrecido estas cualidades en Hipatia, no las habría “cristianizado” en Catalina.

Este artículo nos lo envía Gonzalo Génova, profesor de la Universidad Carlos III de Madrid. Aparte de mis clases de informática, también imparto cursos de humanidades en los que trato temas de filosofía de la tecnología y pensamiento crítico. Además de usar las redes sociales de Naukas, si quieres comentar y debatir más a fondo puedes visitar mi blog “De máquinas e intenciones (reflexiones sobre la tecnología, la ciencia y la sociedad)“, donde esta entrada estará disponible en un par de días.

NOTAS

Para el lector interesado, recomiendo el desmitificador libro de Maria Dzielska, Hipatia de Alejandría (Siruela, 2004),  uno de los estudios más rigurosos sobre esta mujer extraordinaria, que no necesita que su vida sea transformada en leyenda para ser justamente honrada y recordada. Y también el libro de Pedro J. Teruel, Filosofía y ciencia en Hipatia (Gredos, 2011).

Créditos de las imágenes

https://es.wikipedia.org/wiki/Catalina_de_Alejandría

https://es.wikipedia.org/wiki/Hipatia

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