Un atlas genético para frenar el tráfico ilegal de chimpancés

Alrededor de 2.000 chimpancés son asesinados o sustraídos de sus espacios naturales cada año como consecuencia del tráfico ilegal, según cifras de la ONU. Los traficantes cazan a las crías en las selvas de África, a menudo después de asesinar a todo su grupo, y las empaquetan para hacerlas llegar clandestinamente a ciudades europeas, chinas y árabes, donde la demanda de estos animales sigue siendo alta. ¿Quién podría resistirse a tener unos de estos adorables bebés peludos? Las consecuencias de este capricho son letales tanto para la población global de chimpancés como para las propias crías, que terminan años después en santuarios con un historial dramático de problemas físicos y psicológicos por la interacción con humanos.

“La gente no es consciente de lo que está pasando”, asegura el científico catalán Tomás Marqués Bonet, director del Laboratorio de Genética Comparada del Instituto de Biología Evolutiva. Él y su equipo, en colaboración con el Instituto Max Planck, llevan varios años trabajando en un ambicioso proyecto que pretende poner coto al tráfico ilegal de chimpancés gracias a los análisis genéticos. “Llega un punto en que, como zoólogo, cuando ves que tienes herramientas con las que puedes ayudar, sientes que es una obligación ética involucrarte”, añade. La colaboración nació en el año 2016 después de que Marqués publicara en la revista Science un ambicioso artículo sobre el flujo genético entre chimpancés y bonobos. El Instituto Max Planck ya tenía en marcha por entonces el proyecto Pan África, dedicado a estudiar las poblaciones de chimpancés desde el punto de vista del comportamiento. “Ellos ya tomaban muestras de cacas y de pelo de cara al futuro y me vinieron a buscar después de ver mi trabajo para hacer toda la parte genética de este proyecto”, explica Marqués.

Tomás Marqués Bonet, trabajando en su laboratorio

Pero obtener muestras que permitan caracterizar genéticamente a los chimpancés de cada región africana era una tarea ardua y técnicamente complicada. “Esto es un trabajo tecnológico enorme, porque las muestras fecales tienen un porcentaje endógeno por debajo del 1%”, explica Marqués. Es decir, las cacas de chimpancé recogidas durante años por los especialistas sobre el terreno contienen un porcentaje mínimo de material genético del animal, procedente de las células epiteliales de su intestino, y el resto está formado casi en su totalidad por bacterias. “El problema era: ¿cómo sepáranos el ADN de chimpancé del ADN bacteriano?”, resume el científico. “Por suerte yo también participé en el análisis del ADN neandertal y el problema aquí era lo mismo; un hueso de neandertal de hace 50.000 años tienen menos de un 1% de ADN, así que usamos la misma técnica de ADN antiguo. En las charlas con los colegas digo a veces que esta es la forma en que los neandertales van a ayudar a los chimpancés”.

En busca de los puntos calientes

En la última década el proyecto Pan Africa ha recogido más de 21.000 muestras orgánicas y sus miembros han rastreado en más de 3.000 km de caminos locales. Para su estudio, Marqués ha recibido 800 muestras recolectadas en 40 sitios de África cuyo análisis estará completo antes del verano, lo que permite identificar la procedencia genética de estos animales con una precisión geográfica sin precedentes. “Son 800 muestras que cubren todos los países, están todos los parques naturales principales y tenemos una distribución absolutamente homogénea, desde el más al oeste hasta el este, de toda la distribución de chimpancés”, explica a Next. “Mediante genética inversa hemos demostrado además que es posible ver de dónde viene cada una de las muestras de individuos que están confiscados, que a día de hoy es el gran problema, que no se sabe de dónde las sacan”, apunta.

Principales rutas del tráfico de grandes simios

La posibilidad de conseguir identificar de dónde ha sido secuestrada cada una de las crías de chimpancés que acaban en el mercado negro es una vieja aspiración. En algunos países se han puesto en marcha programas de reconocimiento facial que analizan miles de imágenes subidas a redes sociales y tomadas por los biólogos sobre el terreno para seguir el rastro de cada individuo. Pero el sistema que prepara Marqués podrá, gracias al ADN, indicar de dónde ha salido cada chimpancé, hasta el punto de saber de qué parque natural procede. “Cuando hay animales confiscados en cualquier frontera y los funcionarios empiezan a hacer preguntas, los detenidos mienten como bellacos”, explica Marqués. “Lo que se sabe es que los chimpancés se mueven miles de kilómetros en África antes de sacarlos, con lo cual lo primero y más importante es hacer un atlas de dónde vienen. Esto nos da una herramienta incluso legal para que la gente vaya a hablar con los gobiernos que ahora se lavan las manos y dicen que los primates no vienen de su país”.

«Hemos demostrado que es posible ver de dónde viene cada uno de los individuos confiscados»

La utilidad más evidente de este proyecto es la posibilidad de detectar los puntos calientes de África donde se capturan los chimpancés y reforzar la vigilancia. Esta sería la segunda vez que se utiliza la genética para perseguir a los furtivos, algo que se ha hecho con el ADN de los elefantes para intentar frenar el tráfico ilegal de marfil. “No somos inocentes”, confiesa Marqués. “Con los elefantes se hizo un atlas genético y cuando fueron a buscar a los puntos de procedencia resultó que los traficantes también leen literatura científica y se habían movido a otros lado. Sabemos que cuando detectemos de dónde sacan a los chimpancés ya se habrán movido antes de que empecemos a hacer algo, pero la idea es que haya un poco de impedimento o de dificultad”.

Chimpancés refugiados

Una parte de los chimpancés procedentes del tráfico ilegal acaban en España y, cuando son incautados, en refugios como los de la Fundación Mona, en Barcelona, y Rainfer, en Madrid. “Actualmente tenemos 14 chimpancés, divididos en dos grupos”, explica Olga Feliu, directora de Mona. “Son ejemplares que entran de contrabando y son intervenidos. Muchos vienen del circo, del mundo de los anuncios publicitarios y de mascotas. Todos han llegado por el tráfico ilegal de estas especies”. “Empezamos en el año 1995 y con los años ha ido creciendo el número de animales”, explica Marta Bustelo, responsable de Rainfer. “Ahora tenemos 16, y no han dejado de salir incautaciones, abandonos de circos o casos de explotación audiovisual”. Estas dos asociaciones colaboran activamente con el laboratorio de Marqués, que ha analizado el ADN de sus monos a partir de muestras de pelo y sangre. “Serán los dos primeros centros de Europa en los que se utilizará esta línea de conservación basada en la genética”, adelanta el investigador.

Waty y Nico, en las instalaciones de Mona

Los responsables de estos centros tienen historias parciales sobre la procedencia de estos animales, a veces falsificadas por las personas que los retuvieron durante años en cautividad. “Toni, por la historia que tenemos, es claramente es un Pan troglodytes verus. Fue importado a Portugal desde Guinea Bissau y fue utilizado para hacer fotos, o eso lo que me explicó el señor que lo tenía cuando nosotros lo cogimos”, explica Feliu. “Víctor es de Mali, y también sé la historia: lo compró un señor para regalárselo a su novia que vivía en París”. En España, la mayoría de estos animales entran vía Canarias, por la cercanía con África central.

Dos centros españoles serán los primeros de Europa en los que se utilizará esta línea de conservación basada en la genética

Uno de los casos más tristes es el del chimpancé Guille, en Rainfer. “Este animal estuvo en una jaula de dos metros cuadrados durante sus doce primeros años de vida”, explica Bustelo. “Vivía entre desechos, sus heces y los restos de alimentos que ni siquiera le limpiaban. Perdió un ojo por una infección, estaba totalmente traumatizado, no tenía acceso a luz solar ni espacio para moverse, la alimentación era deplorable, bollería, patatas fritas, refrescos… y es uno de los chimpancés con más trastornos que tenemos actualmente. Se ha recuperado, pero nunca van a llegar a ser animales recuperados cien por cien ni a tener las conductas que tendría como animal salvaje en libertad, son animales que tienen taras de por vida y a nosotros nos toca paliar un poco todo ese mal que ha hecho en ellos el ser humano”.

El chimpancé Gombe en las instalaciones de Rainfer

¿Cómo les servirá a estas fundaciones la nueva información genética de los chimpancés? La reintroducción, en estos casos, ya no es una opción para estos animales. “Una vez que salen del país es muy difícil y más una vez que están humanizados”, indica Feliu. “Sí podría funcionar con chimpancés que han sido capturados y se quedan en la zona, en santuarios de África”. En estos lugares interceptan a los traficantes y algunos centros tienen decenas de bebés huérfanos.

Conocer la procedencia de cada chimpancé encautado puede ser muy útil también para controlar su salud

Por otro lado, en los refugios españoles no conocen a qué subespecie pertenece cada individuo y saberlo puede ser muy útil. “Otro punto muy importante es que nos permitirá conocer la relación de consanguinidad que hay entre individuos, si un chimpancé de Rainfer tiene un hermano en fundación Mona o en otro zoológico”, apunta Bustelo. “Eso te da mucha información de por dónde han ido pasando estos animales, cómo han desembocado ahí, y puede ayudar bastante e incluso para tratar enfermedades hereditarias e ir controlándolas”. Y también puede evitar mucho fraude que hasta ahora pasaba desapercibido, según Bustelo. “Hay zoos en muchos países del mundo que crían chimpancés y los venden al extranjero”, explica. “A veces llegan animales y su procedencia se justifica así, pero hay mucho chanchullo, cambian el chip y dicen que han nacido en cautividad y te engañan. El análisis genético evitaría eso”.

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