¿Mejor descalzo y con callos que con zapatillas?

Hace alrededor de 6 millones de años los primeros homininos comenzaron a probar la experiencia de caminar erguidos. Desde entonces, nuestros ancestros y nosotros hemos dependido de la sensibilidad de las plantas de nuestros pies para mantener el equilibrio y la marcha, gracias a una red de mecanoreceptores que hacen la piel de esta zona del cuerpo extremadamente sensible. Es por eso que cuando caminamos por una playa notamos el pacer de pisar la arena, pero en cuanto ponemos el pie sobre una piedrecita vemos “las estrellas”. No es así en el caso de las personas que están habituadas a caminar descalzas. En su pie se generan unas durezas llamadas callos que les protegen al pisar, pero ¿les resta sensibilidad a la hora de caminar?

El equipo de Daniel Lieberman ha querido poner a prueba esta y otras cuestiones relacionadas con el pie, y para ello ha realizado un estudio sistemático basado en la comparación de las estructuras del pie de 81 personas de Kenia que caminan habitualmente descalzas y 22 estadounidenses adultos que usan zapatillas de suela blanda. Para el trabajo, que se publica este miércoles en la revista Nature, Lieberman y su equipo midieron la dureza de los callos mediante ultrasonidos y descubrieron que la piel de la planta del pie de las personas que caminan descalzas es aproximadamente un 30 por ciento más gruesa que la de quienes llevan zapatillas. Mediante un aparato llamado “durómetro”, los autores también certificaron que esta piel de la planta de los caminantes descalzos era un 30 por ciento más dura que la del grupo de “calzados”.

La piel de la planta del pie de quienes caminan descalzos es un 30% más gruesa

Respecto a la sensibilidad, los investigadores usaron una máquina que permite medir, mediante vibraciones, la respuesta de los dos tipos de mecanorreceptores principales presentes en la piel de las plantas del pie. Mediante diferentes frecuencias, que van de los 5 a los 300 Hz, este sistema imita los estímulos que recibe el sujeto cuando camina en diferentes circunstancias. Y aquí saltó la sorpresa: las personas que caminan descalzas y tienen la planta del pie cubierta de callosidades no tienen una menor sensibilidad en sus mecanorreceptores que quienes caminan con zapatillas. Los autores creen que la dureza del tejido calloso permite transmitir el estímulo mecánico desde el suelo hasta los receptores, lo que haría pensar que los calzados con suelas más duras podrían transmitir también la señal y conservar esa sensibilidad. Sin embargo, en el mismo estudio han comprobado que cualquier tipo de calzado afecta a la manera en que se transmiten las fuerzas y reparte más energía a las articulaciones, por lo que este asunto necesita más estudio.

“El callo es un infarto de piel, se origina cuando la sangre no llega a las células”

A Rafael Navarro, secretario general Consejo General de Colegios Oficiales de Podólogos, el resultado de este nuevo trabajo le parece interesante, pero cree que enviar el mensaje de que caminar descalzo es mejor que caminar calzado es erróneo. “El callo es un infarto de piel, se origina cuando la sangre no llega a las células y esto sucede cuando hay una presión”, explica a Next. “Cuando no llega la sangre, la célula de la piel se muere y se secan, eso es el callo”. En nuestras sociedades, donde todo el mundo camina calzado, los callos solo salen en aquellos pies donde hay una deformidad y una patología. “Si andas descalzo todo el día, por supuesto que el callo te va aislar del suelo, pero para el resto no es bueno”, matiza. “Un paciente mío quería caminar cuatros semanas en el Camino de Santiago y se ha tenido que retirar porque tenía una dureza en el pie. La dureza favorece la aparición de ampollas. Por eso recomendamos quitarlas. Sin la dureza podría hacer el camino y estar un mes andando, pero con ella te tienes que retirar a la semana”.

Un momento del análisis realizado en el estudio

¿Correr descalzo o calzado?

En los últimos años ha surgido un fuerte movimiento en la comunidad de corredores que defiende la práctica de correr descalzo o con zapatillas minimalistas. Sus defensores aseguran que de esta manera se apoya menos el talón y se corre en una posición menos forzada para la anatomía. Emilio Sáez Soro, autor del “La aventura de correr descalzo”, lleva años corriendo sin zapatillas por todo el mundo y asegura que es “más sano”. Su caso se parece al de otros deportistas que tras años padeciendo lesiones probaron a dejar el calzado a un lado. “Todos los dolores incapacitantes desaparecieron y tras siete años corriendo descalzo no he vuelto a tener problemas de lesiones”, explica. “La otra razón por la que lo hago es porque es más divertido y estimulante. Correr descalzo no solo te permite correr mejor y más tiempo, sino que añade muchos factores inesperados que hacen de esta actividad algo mucho más interesante”.

“Cargar de talón conlleva unas lesiones y cargar de antepié, otras”.

Entre los propios especialistas hay controversia sobre este asunto, aunque en general la balanza sigue inclinada a favor del uso de calzado protector. En todo caso, Rafael Navarro recomienda ser cauto, porque el cambio en la forma de correr lleva al menos un año y en la transición se pueden producir graves lesiones. “Te puedes cargar el gemelo o el tendón de Aquiles”, asegura. “Una vez conseguido, hay miles de estudios sobre si es mejor correr apoyando el antepié o el retropié, pero lo cierto es que si miras las mejores marcas de maratón ves de todo. En la práctica, cargar de talón conlleva unas lesiones y cargar de antepié conlleva otras”.

Análisis biomecánico de la pisada realizado durante el estudio

El registro arqueológico indica que los seres humanos empezamos a utilizar calzado hace unos 40.000 años. Una de las principales ventajas, además de que protege de lesiones traumáticas, es que el calzado sujeta el pie y evita deformaciones por el esfuerzo continuado. Así lo expresa Kristiaan D’Août, investigador de la Universidad de Liverpool, en un artículo complementario de análisis en la propia revista Nature. “Los zapatos pueden ayudar a la gente que tiene problemas en los pies y también pueden mejorar el rendimiento deportivo”, escribe. “En la vida diaria, los zapatos mantienen tus pies calientes y ofrecen más protección que los callos”. A su juicio, el trabajo de Lieberman ofrece pistas interesantes sobre las posibilidades que ofrecen las zapatillas de suela dura, como las que se usan en Fórmula 1 y que transmiten mejor la vibración. Este calzado, que mantiene la sensibilidad del pie a diferencia de las suelas blandas, puede ser especialmente útil en deportes como la gimnasia e incluso para personas mayores con problemas de equilibrio y estabilidad.

“Una zapatilla sujeta mucho el pie, y eso puede ser vital si hay problemas anatómicos», concluye Navarro. «Por eso, aunque recomendamos a los niños con pie plano que caminen descalzos para fortalecer la musculatura corta, después un pie plano lo pasa mal cuando llega el verano. Porque al quitar el zapato le quitas estabilidad. Por eso, trabajando con la población que trabajamos nosotros, defendemos que es mucho mejor proteger el pie con calzado”.

Referencia: Foot callus thickness does not trade off protection for tactile sensitivity during walking (Nature) DOI 10.1038/s41586-019-1345-6

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