“Nuestro cerebro tiene 200 milisegundos para equivocarse”

El neurocientífico mexicano Ranulfo Romo es uno de los investigadores más prestigiosos del mundo en su ámbito. Desde hace más de tres décadas investiga los procesos neuronales que llevan a los macacos a tomar decisiones, qué neuronas se activan y qué mecanismos se ponen en marcha antes incluso de que el animal sea consciente de que ha decidido hacer algo. Sus trabajos como investigador del Instituto de Fisiología Celular (IFC) y de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), han recibido decenas de premios y reconocimientos. Charlamos con él en el Instituto de Neurociencias de Alicante, donde acude invitado para la celebración del 20 aniversario de la institución.

Mi cerebro está intentando decidir qué pregunta le hago primero, ¿podría describir qué están haciendo mis neuronas ahora mismo?

Bueno, estamos ahora sentados y nos acabamos de conocer, y tanto tú como yo estamos tratando de ver por dónde nos vamos a plantear las preguntas. Es un proceso interesante, porque tu cerebro y el mío están viendo cómo se pueden comunicar.

Hay tendencia a explicarlo todo con el lóbulo frontal, pero en realidad estamos activando toda la corteza, ¿no?

Claro que sí, sin embargo el lóbulo frontal es el que más ha crecido en la evolución. Y requiere que lo alimenten, a través de la visión y otros sentidos. Mientras hablo se ponen en marcha movimientos de muy alto orden, la corteza motora manda las señales para que se activen las motoneuronas que están alojadas en el tallo cerebral y controlan los músculos y las sensaciones, y al mismo tiempo te estoy escuchando. El sistema está trabajando como un circuito cerrado, alimentado por la información visual, auditiva, olfativa… Pero también recurriendo a la experiencia que está guardada en el cerebro y me permite organizar mis pensamientos y ejecutarlos.

“El cerebro trabaja como una verdadera orquesta, donde el violín no es el único ejecutante”

Es decir, que para cualquier tarea se reclutan neuronas de distintas partes a la vez.

Eso es. Aunque en el pasado se pensaba que cada núcleo se ocupaba de una sola cosa, el cerebro trabaja como una verdadera orquesta, donde el violín no es el único ejecutante. Se requieren muchos integrantes para poder generar una melodía que podrían ser nuestros pensamientos y para que otros también la escuchen, que es a través del lenguaje.

Usted trabaja con macacos y decisiones que tienen que ver con el movimiento, ¿eso es extrapolable a otro tipo de decisiones, como por ejemplo de tipo moral?

Es que esto también son decisiones que se expresan a través de actos motores. No podrías saber qué es lo que estoy pensando si no te lo dijera en este momento. En la decisión hay un proceso, el cerebro evalúa la información y después toma una decisión, y requiere de pensar qué probabilidad tiene uno de que acierte. Porque las decisiones suelen ser de tipo binario, sí o no, como cuando conduces el coche. El cerebro toma decisiones de forma muy rápida, como frenar para no atropellar a una persona, o cambiar de velocidad. Son decisiones simples, no pueden ser muy razonadas porque requiere de la pericia.

“Es difícil asimilar que vivimos en el pasado, en un presente recordado”

Lo que ven ustedes es que esas decisiones se registran en los circuitos neuronales internos antes de pasar a donde se genera el pensamiento consciente, ¿no?

Es una paradoja, porque hay muchos conceptos que son difíciles de entender. Por ejemplo, es difícil asimilar que vivimos en el pasado, en un presente recordado. Pero estoy convencido de que las decisiones vienen del mundo inconsciente. Los brotes de consciencia que yo tengo son muy cortos, la mayoría del tiempo puedo estar despierto, puedo tener cierta atención, pero no soy consciente de los actos. La circuitería cerebral guarda hábitos, conocimientos y experiencia y súbitamente empieza a trabajar sobre algo y después se lo pasa brevemente a la consciencia para que se exprese. Y le pregunta: ¿lo dejas pasar o lo frenas? Cuando llega a la consciencia, el mundo subconsciente se lo pone en bandeja de plata y le dice “toma tu decisión”. Pero, en realidad, cuando digo que tomo una decisión, fueron mis neuronas.

Pero esos circuitos somos nosotros mismos, ¿no es la pescadilla que se muerde la cola?

Por supuesto, es que consciente e inconsciente están atados. Pero como en todas las cosas hay un gradiente entre ellos, es muy difícil decir aquí empieza la consciencia y aquí está el mundo inconsciente.

Póngame un ejemplo con lo que ve en los macacos..

Los macacos tienen conocimientos, aprenden a hacer cosas, pasan por un proceso de aprendizaje y lo guardan en forma de conocimiento. De tal suerte que cuando yo le pido algo para tomar una decisión, el macaco tiene guardado en su experiencia y hace comparaciones para tomarla. Pero las decisiones de este tipo, razonadas, requieren de entrenamiento. Yo no puedo ser ingeniero, porque no fui a la facultad de ingeniería, pero alguien que sí fue no le cuesta nada activar los circuitos y decidir.

Vivimos cada vez más hiperestimulados, ¿esto dificulta la toma de decisiones?

Sí, claro, pero nuestro cerebro tiene capacidad de filtrar la información. La contraparte es cuando la pierde y no atiende a lo que es importante. Por ejemplo, si yo salgo ahí fuera al pasillo hay muchas voces, pero mi cerebro tiene capacidad de detener mucha de esta información y atender solo a algunas de las personas que a mí me interesan. Esto es algo muy bueno y da pie a que el cerebro pueda trabajar y tomar decisiones.

“Yo veo a los jóvenes caminar ahora como zombis por las calles”

Hay empresas tecnológicas que están intentando activamente manipular la toma de decisiones, ¿hay manera de defenderse?

Sí por supuesto, teniendo conocimiento y estando consciente de estas agencias distractoras que promueven la adicción a que uno esté mirando el teléfono celular continuamente. Yo veo a los jóvenes caminar ahora como zombis por las calles.

Todo estos sistemas se aprovechan del sistema de dopamina, ¿tiene tanto poder como para que incluso siendo conscientes sigamos cayendo en sus garras?

El sistema dopaminérgico es un sistema muy viejo en la evolución, de hecho existe en los cocodrilos, en las gallinas, en los perros, en los macacos y en nosotros. Todos los seres humanos somos adictos y lo somos por el sistema de recompensa. ¿quién puede despreciar un estímulo placentero de la sonrisa del hijo reciben nacido, una bebida que le gusta, una caricia, una buena conversación o el halago? Eso genera una onda de placer que inunda el cerebro. Pero cuando uno lo activa de más, los otros circuitos empiezan a decir “ya estuvo bueno, habla demasiado la dopamina, que nos diga algo nuevo, que mande más dopamina”. Y es a es la razón de las adicciones, por ejemplo a la cocaína. La segunda vez la misma dosis ya no me hace el mismo efecto. Eso hace que lidiar con esa adicción natural que tenemos sea muy complicado.

“Estamos en una fase de transición en que no sabemos muy bien cómo regular estas adicciones a la información”

Entonces, como dicen algunos, ¿es una vulnerabilidad?

Por supuesto, es que todo es nuevo.

¿Funciona también con las ‘fake news’ y este entorno en el que todo se envuelve en las emociones?

Por supuesto que sí. No es que nos volvamos más emocionales, todo estaba allí, pero ahora está funcionando de una manera exagerada. Y además nos sentimos dioses. Yo desde mi móvil puedo llamar a Ciudad de México y puedo tener acciones sobre los demás desde Alicante y a distancia, puedo ver un partido de fútbol, puedo ordenar la comida… Eso es muy peligroso, porque si un día pierde el móvil se va a sentir muy desgraciado. Estamos en una fase de transición en que no sabemos muy bien cómo regular estas adicciones a la información visual, etc. La manera de conducirnos, y la forma en que estamos entrampados ahorita, tienen que ser modificados. Muy pronto.

Algunos experimentos muestran que primero tomamos partido por algo de forma inconsciente y luego andamos a la carrera elegir argumentos a posteriori, ¿somos esclavos de nuestra neuronas?

El famoso experimento de Benjamin Libet [descubrió que las neuronas se activaban antes de tomar conscientemente las decisiones] inicialmente nos deja como si fuéramos títeres de las neuronas, pero después tuvo que inventarse la capacidad de veto, una capacidad de tiempo muy corta en la que puedes parar algo o seguirlo. Y tal parece que sí existe. Una ventana de tiempo de unos 200 milisegundos.

“En México llamamos “mecha corta” a las personas que responden de una manera casi refleja a cualquier estímulo”

¿Ese es el tiempo que tenemos para equivocarnos?

Es el tiempo en el que el cerebro puede razonar brevemente y puede dejar pasar los pensamientos y por supuesto poner en marcha las acciones, las decisiones. Es muy corto. Reflexionando sobre esto yo he pensado que la sociedad, sin darse cuenta del asunto de Libet, se percató de esto e inventó la religión y la educación. Lo que estás haciendo con eso es alargar este periodo de tiempo, que sea de 250 milisegundos, darle más tiempo al cerebro de que evalúe las consecuencias. Eso me parece muy bueno. Por el otro lado existe lo que se llama en México los “mecha corta”, personas que responden de una manera casi refleja a cualquier estímulo. Parece que los asesinos “en serio”, los de a de veras, son de mecha corta. La circuiría cerebral comete el delito y hasta que no lo cometió el individuo no se dio cuenta de que hizo una tontería.

¿Y no nos estamos volviendo todos un poco de “mecha corta”?

Probablemente esta mecha corta es generalizada, sí, sin llegar a lo del asesinato, pero en nuestras acciones cotidianas.

Si se le apareciera un genio y le ofreciera responder a una sola pregunta en neurociencia, ¿cuál sería?

Me encantaría entender el mecanismo de la consciencia

Al final es siempre la gran pregunta…

En realidad sí, de hecho estoy comprendiendo ahora que los experimentos que he hecho con los macacos en realidad estoy estudiando la consciencia. Cada vez veo más claro que no es una propiedad solo de los humanos, sino también de los perros y otros animales. A lo mejor los que estudian la consciencia lo ven como algo muy elusivo, pero yo en el cerebro de los macacos lo veo que lo tengo en las manos. Sus neuronas expresan no solo lo que le interesa al primate, sino que hace consciente la información que está procesando, que está incorporando en su memoria de trabajo y además tienen que razonar para tomar decisiones. Todo estos procesos yo los veo y entonces yo digo: pues esto es la consciencia.

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