Un fantasma en la oscuridad: el brillo de las lechuzas blancas paraliza a sus presas

Si eres un cazador nocturno, tener las plumas blancas debería ser una desventaja. Sin embargo, una buena parte de las lechuzas comunes (Tyto alba) tienen plumas blancas y cada noche cazan ratones con éxito. ¿Cuál es el motivo de esta pigmentación y qué implicaciones evolutivas tiene? Este fue el punto de partida del equipo de investigadores encabezado por Alexandre Roulin y Luis San José, quienes han descubierto que este color blanco de las conocidas como “lechuzas de granero” no solo no supone un problema, sino que les favorece en las noches de luna frente a las lechuzas de color más rojizo.

“El punto de partida era determinar por qué hay blancas y por qué hay rojas”, explica San José a Next. Esta pigmentación se presenta con diferentes distribuciones según la latitud. Según vamos más al sur, como en España, hay un mayor porcentaje de lechuzas blancas en la población mientras que al norte son más rojizas, con alguna excepción como las de Reino Unido. El equipo de San José quería entender hasta qué punto estas diferencias tenían que ver con el camuflaje de las aves durante el día, para pasar desapercibidas, o si tenía relación con su actividad depredadora. “Solo sabíamos que había pequeñas diferencias en la dieta”, asegura. “Y partíamos de la hipótesis de que las lechuzas blancas deberían cazar peor con luz de la luna llena, puesto que son mucho más visibles”.

“Partíamos de la hipótesis de que las lechuzas blancas deberían cazar peor con luna llena”

Para comprender qué estaba sucediendo pusieron en marcha una serie de experimentos que detallan en un trabajo que se publica este lunes en la revista Nature Ecology & Evolution. En primer lugar colocaron cámaras en los nidos de las lechuzas blancas y rojas e hicieron un recuento del número de ratones que llevaban cada noche a su nido en diferentes condiciones de luna. “Lo que vimos fue que a las blancas, al contrario que a las rojas, les da igual la luz de la luna, traían el mismo número de ratones tanto con la luna llena como sin luna, mientras que las rojas con la luna llena empezaban a traer menos. Es decir, parecía que, pese a lo que pensábamos, lo estaban haciendo mucho peor las rojas”.

Variabilidad de color del plumaje en varias lechuzas

El siguiente paso fue obtener más datos para verificar si lo que estaban observando tenía más efectos. Por eso pesaron a los juveniles de cada nido y cuantificaron la tasa de supervivencia de los polluelos si estaban con padres más blancos o más rojizos. “Al analizar los datos nos daban los mismos resultados”, relata San José. “Los rojos lo hacen pero durante la luna llena y los blancos podrían estar siendo beneficiados”. De modo que pasaron a diseñar un experimento para comprobar directamente la reacción de los roedores a los distintos tonos de plumaje.

Una lechuza común con plumaje blanco en la zona pectoral

El experimento principal consistió en grabar la reacción de los roedores cuando, en el interior de un espacio que simulaba un granero, descolgaban una lechuza disecada por una cable como si estuviera atacando. Todo ello en diferentes condiciones de iluminación que simulaban las fases de la luna. “Una cámara enfocaba a la lechuza y las otras dos enfocaban a los roedores”, explica el investigador. “Analizábamos todos esos vídeos y si los ratones huían o se quedaban acurrucados con la esperanza de no haber sido detectados, que son las dos respuestas típicas. Y lo que vimos fue que los roedores se quedaban mucho más tiempo quietos, del orden de varios segundos, ante el ataque de la lechuza blanca”.

Todas estas pruebas apuntaban entonces a que los ratones se quedaban paralizados ante el brillo de la lechuza blanca con la luna llena, lo que podría dar a estas frente a las lechuzas rojizas, que no eran tan visibles pero despertaban una respuesta diferente. Pero para asegurarse aún más, los científicos hicieron una nueva prueba. “Tampoco nos creíamos el resultado, así que lo repetimos, pero esta vez lo que hicimos fue quitar parte de la reflectancia del plumaje blanco, hacer que reflejase menos luz mediante una cera”, explica San José. “Entonces observamos que los ratones volvían a los tiempos de respuesta normales, a los mismos que presentaban a la lechuza. Por eso concluimos que es esa cantidad de luz la que tiene ese efecto en los ratones y que eso ayuda a las lechuzas blancas a cazar en las noches de luna llena”.

El trabajo tiene implicaciones interesantes sobre el valor adaptativo de las variaciones del color en condiciones nocturnas, que se ha estudiado mucho menos que en condiciones diurnas. Los autores creen que esta característica de las lechuzas blancas les dan una ventaja pese a que, contraintuitivamente, es justo lo que las hace más visibles. “Creemos que las lechuzas puede que sean las únicas que explotan este comportamiento, porque si no habría mas depredadores nocturnos con coloraciones blancas”, asegura el investigador español. Sobre la mesa queda aún otro interesante enigma que la ciencia aún no ha resuelto: por qué los ratones, y otros roedores, se quedan paralizados ante los estímulos de luz intensos, algo que todavía no está claro.

Investigadores durante el trabajo de campo

Lo que parece probado es que la visión de la lechuza blanca iluminada por la luna les paraliza como si hubieran visto una aparición. Algo que no extraña al que las ha visto volar alguna vez en mitad de la noche. “Hemos pasado muchas horas observándolas”, reconoce San José, “y sí es verdad que al verlas pasar en silencio es como si un fantasma hubiera pasado por mitad del granero”.

Referencia: Differential fitness effects of moonlight on plumage colour morphs in barn owls 
(Nature Ecology & Evolution) DOI 10.1038/s41559-019-0967-2

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