Sobre el uso de canarios en las minas de carbón

El uso de canarios como medio de alerta ante la presencia de grisú en minas de carbón (sobre todo en las de hulla) aparece mencionado por doquier en multitud de referencias. El grisú, compuesto sobre todo por metano y dióxido de carbono, era causa de sofocaciones y explosiones. El uso de ciertos animales como medio de alerta, más sensibles que los humanos ante la presencia de bajas concentraciones de gases peligrosos en el aire, aparece referido en diversas ocasiones, sobre todo en el siglo XIX y principios del XX. Cabe recordar, a modo de anécdota, el caso de la Grotta del Cane, en Italia, donde a modo de divertimento para viajeros, se hacía desmayar a pequeños animales a ras de tierra de la cueva, debido a la alta concentración de C02 al nivel del suelo. Los canarios, muy sensibles a la presencia de gases nocivos en el aire, han quedado grabados en la cultura popular por este tipo de usos, y hasta hoy nos llegan expresiones coloquiales que refieren al canario como medio de alerta temprana contra algún peligro. En la edición del 20 de mayo de la revista madrileña Alrededor del Mundo se menciona un caso de intento de sistematización del uso de los canarios en minas de hulla norteamericanas:

Los gases inflamables que se desprenden de los yacimientos hulleros causan en las minas formidables explosiones de grisú, y es más que lógico que las compañías que explotan las minas de carbón se hayan preocupado desde hace mucho en buscar algún remedio, si no al mal, por lo menos algo que indique la presencia del gas y el peligro de la explosión, y los técnicos han dictado alguno. El más sencillo consiste en bajar la mecha de la lámpara de seguridad a tres milímetros y tapar con el dedo el cuerpo de la llama. Ésta, en caso de peligro, disminuye de brillo y después se rodea de una aureola blanquecina característica. Los mineros experimentados notan enseguida por este medio la presencia del grisú en cuanto la proporción de este gas en las galerías llega a un tres por ciento. Desgraciadamente, la presencia de un poco de ácido carbónico suele a veces hacer fracasar estos indicios.

También se han inventado buen número de aparatos capaces de advertir automáticamente la presencia del peligroso gas. El indicador Monnier, por ejemplo, lanza al aire periódicamente chispazos eléctricos que provocan la explosión del grisú en cuanto aparece, pero este aparato es muy complicado. Por otro lado, el indicador Forbes, basado en la modificación que la presencia del gas explosivo imprime en la tonalidad de un diapasón no es ni más sencillo ni más exacto que el de Monnier. En cuanto al grisúmetro de Coquillon, fundado en la propiedad que tienen un hilo de platino calentado al rojo blanco de provocar sin explosión la combustión del grisú, constituye un instrumento de laboratorio tan frágil como delicado.

Canarios en minas de carbón
Mineros inspeccionando una mina de carbón con canarios enjaulados (Alrededor del Mundo, 20 de mayo de 1918).

El Consejo Superior de Minería de los Estados Unidos ha aconsejado un método más práctico, que consiste en el uso de canarios para salvar a los mineros. Dos ingenieros canadienses, Nasmith y Graham, habían ya estudiado los efectos del grisú sobre ciertos animales como los canarios, ratones y conejillos de indias, y de sus estudios experimentales dedujeron que el canario era el indicador más sensible. Uno de estos pajaritos, colocado en una atmósfera que contenga un 0,15 por 100 de óxido de carbono, comienza a sentirse inquieto al cabo media hora y ciando la proporción del gas tóxico llega solamente a 0,20 o a 0,25 por 100 el canario muere en pocos minutos.

El citado Consejo de Minas, al conocer los experimentos llevados a cabo por los dos ingenieros del Canadá, prepararon varias jaulas con canarios y las bajaron a las galerías sospechosas de las minas y vieron que, en efecto, estas aves morían asfixiadas en cuanto la proporción de grisú era de más del 20 a 25 por 100, mientras que los mineros no sentían aún efecto alguno del venenoso gas.

Ahora, antes de que los mineros vayan a las galerías, bajan dos hombres provistos de aparatos respiradores y exploran la mina con canarios. En cuanto ven que las aves empiezan a sentir un principio de asfixia, meten al pajarito en una jaula especial en la que una corriente de oxígeno reanima a la víctima.

En Inglaterra se habían ensayado igualmente diversos modos de utilización de canarios como medio de alerta ante el grisú desde hacía décadas. He aquí, por ejemplo, lo comentado en la mencionada revista, en esta ocasión en una edición correspondiente al 26 de mayo de 1923, muy relacionado con lo descrito en el caso anterior, de 1918:

…Hasta ahora se llevaba al pájaro en una jaula ordinaria y el resultado era forzosamente incompleto, pues el pajarito caía víctima de un síncope desde el momento en que aspiraba la menor cantidad de gas y no podía, por consiguiente, volver a suministrar más informaciones. Un invento, que acaba de ensayarse en Inglaterra con éxito, viene a hacer frente a este inconveniente. El pájaro está encerrado en una caja hermética con armazón de aluminio y cuatro paredes de mica, una de ellas móvil, a modo de puerta. Cuando se quiere revisar el estado de la atmósfera en una galería, abren esta puertecilla. El más ligero rastro de óxido de carbono abate al canario. Se cierra inmediatamente la puerta y se abre entonces una pequeña válvula dispuesta en uno de los extremos de un tubo de acero colocado encima de la jaula que contiene oxígeno. En cuanto una poca cantidad de oxígeno penetra en la caja, el pájaro recobra sus sentidos y puede repetirse la experiencia tantas cuantas veces lo exijan las circunstancias. Los resultados son idénticos su al canario se le reemplaza por un ratoncillo blanco.

Naturalmente, y regresando al presente, lo de mantener vivas a aquellas criaturas no tenía nada que ver con ningún espíritu humanitario, ni nada parecido. Eran herramientas de trabajo (cuanto más tiempo su pudiera utilizar un canario, más barato y práctico era). El mantenimiento de colonias de canarios se veía como algo caro que había que “amortizar”. Como se comenta en el primer artículo citado, había ya tecnología a principios del siglo XX para detectar gases nocivos en el aire, pero volvemos a los números: era más práctico y barato mantener una colonia de canarios en la mina que mejorar un detector mecánico.

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